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Martes, 30 Junio 2020

Evangelio miércoles 1 de junio 2020.

La Palabra dice

Mt. 8, 28-34 – “¡No te metas con nosotros!”

Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a pasar por aquel camino.

Y se pusieron a gritar: “¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?” A cierta distancia de allí había una gran piara de cerdos comiendo. Los demonios suplicaron a Jesús: “Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos”.

Jesús les dijo: “Vayan”. Salieron y entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la pendiente, y allí se ahogaron. Los cuidadores huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los endemoniados. Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejara de sus tierras.
 

 

La Palabra me dice

¿Qué estoy comunicando?

El oficio de cuidar cerdos era un oficio despreciable y los judíos no lo ejercían. Para ellos, por sus normas religiosas, comer dicha carne estaba prohibido. El puerco simbolizaba inmundicia, necedad e impureza. Jesús comunica la Buena Nueva a los excluidos.

Llama la atención que los ciudadanos de Gadara, que fueron testigos de la liberación de dos habitantes de su pueblo, vuelven a la ciudad contando lo referente al demonio expulsado a los cerdos, y no compartiendo la alegría de la sanación de los dos hombres, como si hubiera mayor interés en los cerdos que se perdieron que en las personas que se sanaron. 

Me pregunto: de los hechos de la vida, ¿qué comparto? ¿La vida que se va despertando o los “cerdos endemoniados”?

Con corazón salesiano

En el sueño de los 9 años que Don Bosco tuvo en 1824, la imagen que se le presenta es de muchachos que blasfeman y pelean. Luego esa escena muta, y esos mismos jóvenes se convierten en animales feroces. El pequeño Juan se siente temeroso, nada podía hacer. Su intervención primera es la de enfrentarse a ellos con sus propios puños. Frente a esto, “un hombre respetable y varonil” le dice que se ponga al frente de estos muchachos. Eso sí: “No con golpes, sino con la mansedumbre y la caridad”. Esto a Juan lo deja turbado. Sin embargo, no se escapa: ese sueño termina siendo el mapa de su misión. Muchos veían a esos muchachos, y así los trataban, como animales feroces. Tal vez, como cerdos. A él, no le importó. Supo que en ese campo estaba el lugar en donde desplegará su vocación. Esos animales, esos excluidos, serían sanados, mirados y cuidados. Se convertirían en mansos corderos. Y no con golpes...

A la Palabra, le digo

Señor, soy como el cuidador de cerdos, me siento despreciado y excluído de  la mirada social. Pero tu mirada despertó al verdadero hombre y a la auténtica mujer.

Señor, soy como los ciudadanos de Gadara que detengo mi mirada en lo peor de mi hermano, en lo superficial de la vida.

Ven al rincón de mi corazón, de mi tarea y renueva mi vida y mi mirada.

 

 

Fuente: salesianos.org.ar/google.com

 

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